Burlesca o las fallas del orden – Presentación del libro de Iris Alejandra Maldonado a cargo de David Caleb Acevedo

miércoles, 12 de marzo de 2014

Libros AC

Santurce, Puerto Rico

 

El 9 de octubre de 2012, un pistolero talibán le dispara a una niña cuando ésta se disponía a regresar a su casa luego de tomar un examen en su escuela en Paquistán. El pistolero detiene el vehículo, entra y pregunta a la multitud “¿quién de ustedes es Malala Yousafzai? ¡Contesten ahora o los mato a todos!” Cuando la niña se identifica, el pistolero le propina un solo balazo que entra por su cabeza, sale por su cuello y termina en su hombro. Malala sobrevive y se convierte en niña símbolo del derecho de las niñas a una educación, y por extensión, en luchadora por los derechos de las mujeres en el régimen Talibán y en el mundo.

El 24 de abril de 2011, Noxolo Nogwaza, activista lesbiana sudafricana, muere como consecuencia de un ataque de odio. Es repetidamente violada, golpeada con piedras y luego apuñalada luego de una discusión agitada con un grupo de hombres en una barra como consecuencia de defender a su amiga de los avances de ellos. Al principio se cree que se trata de un ataque de violación correctiva, medida que se toma para curar a las mujeres de su lesbianismo. Pronto se descubre, sin embargo, que se trata de un crimen de odio.

Más de cien mujeres son asesinadas en Puerto Rico durante la década del 2000 a manos de sus parejas o exparejas. Se estima el doble de esa cifra al finalizar la década del 2010.

Menciono esto, porque Burlesca es un libro de supervivencia escrito en un país al que no le importa sus mujeres, en una isla en donde permea el discurso de que una mujer más o una menos no importa. Ante semejante panorama, ¿qué resta sino burlarse? ¿Del país, de la sociedad, de los hombres que no son humanos, de las mujeres que aprueban y tampoco son humanas, de los ciclos que se repiten? Yo me burlo.

En este, su primer poemario, la autora Iris Alejandra Maldonado echa mano de la burla, la risa cínica–como aquella de la mujer más pequeña del mundo, de Clarice Lispector–para jamaquear los cimientos de un patriarcado homicida y lleno de excusas, que para colmo, pretende funcionar como sistema de justicia y ley. La burla, entonces, representa un detente a la muerte. En “Abanico de mano”, la voz poética dice y cito:

una fosa king size

sigue siendo mi cama

 

yo no juego con la muerte

no quise morir

siempre Sylvia

desnuda sombrero abanico de mano

amuleto y gato

            La cama es el lecho donde muere la mujer cuando se casa o se apareja. Todas las noche muere un poco más, como Sylvia Plath, en el sentido de Sylvia Plath, sin suicidarse como Sylvia Plath. Un día por dentro, el otro por fuera. Alternados. El abanico de mano, que esconde los ojos en gesto burlesco–aquí, en el sentido burlesque–se convierte en la burla, en la risa tras bastidores, cínica y abierta, la risa de las máscaras.

En sus versos “ya escapó la bala/ en mi turno ruleta rusa”, la autora emplea el azar para burlarse de la suerte misma. La ruleta rusa siempre la pierden las mujeres en un mundo que permite que los fundamentalistas le disparen a las niñas en la frente y que los jóvenes acuchillen 17 veces a sus novias y salgan a la calle, impunes, luego de solo tres años de encierro.

Finalmente, en ese mismo poema, la voz poética nos regala un aterrador final: “sigue siendo mi cama/ fosa king size/ Auchwitz”. Para la sobreviviente de una agresión física o sexual, la cama se convierte en un campo de concentración o una fosa pública de muertos sin reclamar o identificar.

En el siguiente poema, curiosamente titulado “el mismo poema”, la autora echa mano de nuevas burlas, el espejo como mofa de la belleza o la expectativa de ella, las cicatrices como mofa de la supervivencia, las cortaduras como farsas del juego, la obsesión y paranoia como burlas de la autoprotección y la violencia como subversión de lo hegemónico. Cito:

te nombro espejo

y te eriges frente a mí

observas a tu mujer cortada

                        deseas mis cicatrices

{…}

seamos dos los cortados

                                    te nombro espejo

                                    y no sé por cuánto

                                    buscaré en tus ojos

                                    a mi asesino

{…}

esta noche

hilvano nuestra sábana nupcial

lino lágrimas vasos sanguíneos

{…}

esta noche soy

mujer aguja

 

no tardes

            En mi poema favorito “numerario de una mesalina”, Iris Alejandra da cátedra de las pequeñas diferencias en las jerarquías de la oscuridad. La mesalina no es cortesana. La segunda es puta puta, la primera es puta fina, emperatriz de las putas, madama culta, cortesana solo de corte de emperador. Las pequeñas diferencias, sin embargo, poco importan en la oscuridad. Una puta es una puta es una puta es una puta. Cito:

las mesalinas son distintas a las cortesanas

las primeras son emperatrices promiscuas las segundas solo prostitutas

mesalina y cortesana puta y puta

{…}

una mamada es menos íntima que un beso

sin embargo los hombres se enamoran si tragas

{…}

no todos los negros honran la fama que se les imputa

los hombres casados se pueden enamorar de sus aventuras.

            Al final, las mesalinas son igual de putas que las cortesanas. Igual buscan tocar fondo.

“Estatua I” es un poema que me congela la piel. Aquí la violencia es la burla del arte, del orden, refleja las hendiduras y lugares imperfectos donde se rompe el orden, es puerta y portal por donde entra el caos. Cito:

estate quieta

me ordenó aquella voz

cuando ya el filo del metal

abría caminos en mi piel

{…}

no mires hacia atrás

ordenó otra voz

y no pude evitar voltearme

 

allí estaba yo

en el espejo

en el hielo y su imagen

                                    piedra

            La voz que ordena es agresora. Las órdenes de quietud no pueden ocultar la violencia de un metal que abre heridas. El artista puede llamarse pintor del rojo, pero la realidad lo pinta como asesino. La burla no admite mentiras.

“Mujer” es un poema que se me antoja místico. Tiene mis tres versos favoritos de todo el poemario: “una mujer y sus cicatrices/ que se ofrecen a un dios/ con los ojos abiertos”. Surge una pregunta. ¿De qué se burla la mujer? De Dios y los ángeles. De la creación misma, hecha como está a imagen y semejanza de un dios macho cabrío, animal judeocristiano, ente maltratante, abusador, conspirador, asesino. Porque si fuimos hechos a su imagen y semejanza, dios es todo lo malo que somos.

En Burslesca existe un cinismo que se niega a conformarse con menos, una voz que se alza por encima de la ironía para hacerse más de lo que es, más que ironía, más que voz. Los últimos dos versos del poema “André” ejemplifican esto:

creo en la lluvia

que le da de beber a los borrachos

            “Laura”, poema que lleva el nombre de la hermana de la autora, es quizás el poema más weird del libro y mi segundo favorito. Aquí la sangre es burla del parto, el parto se mofa del intento de asesinato y las relaciones de maternidad y sororidad se trastocan. Cito:

hace poco más de un año quise que mi madre fuera la hija destinada al buche

sentí culpa

mi hermana sugirió que al ella tener 25 años podría parirme

entonces                      mi hermana sería mi madre y yo su hija

no quise perder a mi hermana

así que en la noches comencé a investigar cuánta sangre se necesita para parir una criatura

nunca supe

y derramé toda la que pude

me convertí en la sangre de la madre

y teñí todo de rojo púrpura

            Siguiendo ese hilo poético, entonces traer a alguien al mundo a través de un parto sustituye el matar a alguien, porque todos los días nace y muere gente. Cínicamente, la autora se cuestiona su propio cinismo. Sí importa la violencia. Sí importa denunciarla.

Le sigue el poema “Alejandra”, en el que Iris denuncia la burla mayor: “comienzo a vivir para la muerte/ como antes”. Entonces, la vida es una farsa en y de sí misma. Nadie sabe lo qué realmente es vida, o qué, en realidad, constituye vivir. Nadie conoce su significado o propósito y tengo la teoría de que en esa búsqueda es que se cometen las más terribles atrocidades.

La tercera parte del poemario, “estudio legal de mariposas”, es una mofa del sistema de ley que no protege a las mujeres ante actos de violencia. Burlesca es más que eso: es una mofa de la Constitución y de la sociedad–compuesta proporcionalmente por más mujeres que hombres– y cómo no protege a sus mujeres. Burlesca es testimonio del camino milenario que falta por recorrer. “El nombre no hace la cosa” es un poema sintomático. La existencia depreda al lenguaje. La existencia es burla del lenguaje. Cito:

alicia la nombró oruga

el cuerpo verde y rugoso exhaló aros de humo

fumaba

quiero decir     preexistía

            El cinismo del libro toma un giro completamente mordaz en el poema “interrogatorio y contra”, cuyo contenido aparenta tener nada que ver con el proceso de interrogar y contrainterrogar testigos de una parte y la otra en un pleito. La palabra clave aquí es “aparenta”. Cito:

¿qué es un oráculo?

un conjunto de haberes que no encuentran lógica

se conglomeran y esparcen

orden aleatorio para arrastrarte

lo más bajo

una con la tierra

aun esclava

monarca

            Como puede observarse, todavía con la metáfora de Alicia en el país de las maravillas, la autora esgrime un comentario letal sobre los procesos que se supone defiendan las víctimas. No existe tal defensa. Eso es lo que dice. No hay forma de defender a su víctima cuando constitucionalmente se tiene que defender los derechos del agresor. Antes era más simple. Ojo por ojo.

En “el conejo de Alicia”, penúltimo poema del que hablaré en este ensayo, la autora dicta que la piel se mofa de los límites y las fronteras. Después de todo, uno puede quitarse el cuero para ponerlo al sol y que se haga más duro. La piel se muda todo el tiempo.

El libro posee un escalofriante decálogo titulado “después del tajo”, en el que, a través de la farsa, expone la condición humana de la mujer sin cortinas de humo, tales como la sociedad, la cultura, la religión, la política y el sexo. El decálogo se burla de la prensa y la forma como esta aborda temas de violencia hacia la mujer. Leo el poema de diez partes y solo pienso en Margarita Aponte y su famosa pregunta de “¿Cómo usted se siente?”, como estocada a las víctimas.

Como he dejado claro, el poemario completo es una cínica farsa de la vida, pero es una mofa con propósito: la burla celebra las vidas de quienes la sobreviven. La burla también da cuenta de las existencias que el lenguaje ignora. Existe una diferencia entre burla ofensiva y burla necesaria, aunque la mayor parte del tiempo, la diferencia es mínima o simplemente no está. Pienso que este libro recorre un fino hilo entre ambas. A veces pienso que hay que ofender el status quo para lograr los grandes cambios. Ser una Malala, una Noxolo. Ser víctima y entender a fuerza de solidaridad. Ser victimario y comprender el daño que se ocasiona. Y escribir de ello para hacer visibles las fallas del orden. Y reírnos de todo para sobrevivir la hecatombe.

 

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