Burlesca más que un adjetivo, más que una actitud, es una postura de resistencia – Reseña de Yansy Sánchez (Cuba)

Burlesca en Cuba Foto de Zayra Taranto

Iris Alejandra Maldonado lee textos de Burlesca durante la presentación del libro en el Centro Cultural Dulce María Loynaz , dentro del marco de la XXIII Feria Internacional del Libro de La Habana, Cuba, en febrero de 2014. Foto por Zayra Taranto.

No un sustantivo, sino la calificación de algo o alguien que debemos
descubrir: Burlesca, así es su título (rara forma de nombrar) y el
reto al enfrentarnos a sus páginas. De Iris Alejandra Maldonado
(Mayaguez, 1979) su primer libro, y también los primeros ecos de su
impronta literaria traídos desde Puerto Rico.  Valga decir, la conocí
en La Habana, era 19 de febrero de  2014 en el marco de la Feria
Internacional del Libro. Después de su lectura, agotados los
ejemplares del libro, valga decir, tuve que conformarme con la versión
digital. Burlesca, ediciones Aguadulce, Bayamón, Puerto Rico,
comenzaba así: cuatro paredes/ barrotes de piel/ una fosa king size /
sigue siendo mi cama.

El cuerpo en tres partes, culmina con: “Estudio legal de mariposas”;
en un segundo momento: “Un retrato familiar”, e inicia sección con lo
que suponemos homónimo al título del cuaderno (Burlesca). Unos cuatro
poemas donde la autora, no solo indicará el espíritu de su libro, sino
el minuto en que comienza insinuarse. Tenemos un sujeto que dialoga
consigo, escarba en su memoria instantes que definieron luego su
destino. Presenta su postura ética ante la vida, ante la prolongación
de la vida: la misma muerte. Hay en su libro un símbolo que arrastra:
las cicatrices; hay en su vida todos los porqués que devuelven a estas
páginas una inmanencia tal que nos parece palparlas, las cicatrices digo, en el libro, en su cuerpo.

“El mismo poema”, texto segundo del cuaderno, nos sugiere una
recurrencia, un círculo, algo que vuelve una y otra vez, acaso atado a
ella como un cuerpo de muerte, un álter ego quizás, encontrado quién
sabe si en otra persona, o más bien una pesadilla a la que ella define
en algún momento como el espejo,  y así dice: seamos dos los cortados/
te nombro espejo/ y no sé por cuánto/ buscaré en tus ojos/ a mi
asesino.
En “Numerario de una mesalina” la autora logra situar una escala
valores, senilidades, particularidades de un sujeto lírico mujer que
se distingue. Hay una historia que se vuelve sobre sí y no le deja ser
otra, le impide concebir otra mirada y cito: Mesalina/ virginidad
fingida a cambio de una rosa de papel. Según dijo sensibilidad, el
sacrificio también ocupa otra parte en su cuerpo. Afirma: Hay que
estar bien borracha para escalar/ a veces. Esa realidad, representada
define límites donde no llega el vértigo, es una actitud asumida con
seguridad, como una labor necesaria, como parte del juego.
Conocedor el sujeto hablante de las miserias humanas, sus
limitaciones, se aprovecha con la aridez y suntuosidad que lleva la
seducción y por las claras nos dice: una mamada es menos íntima que un
beso/ sin embargo, los hombres se enamoran si tragas. Mal parados en
su ideación, los hombres son víctimas de sus reflejos, de su lado
animal. Abaratada la imagen de la masculinidad, llegan a ser
denigrantes, desde su mirada, sus opciones para alcanzar el amor;
estos, tan torpes, desconocen las rutas de acceso a una mujer,
incluso, la de una mesalina que, dicho sea de paso, también se enamora
-explica- si se le escapa un suspiro al abrir los ojos después de la
prisión de unos labios. Otra vez la sensibilidad femenina, otra vez la
insoslayable pretensión de ser amadas. El oficio del amor, no
esteriliza demasiado. ¿Se enamora una mesalina? mesalina quiere un
hombre/ uno que sea todos  y ser puta de él/ puta bien puta/ nunca
cortesana de mandarín.
Este texto, unido a “Estatua”, descubren una especie de vía crucis o
manual para un peregrino que se aventura. Vía crucis digo, en lo que
el Tal debe exponerse cicatriz bajo cicatriz; cicatriz tras cicatriz,
para llegar al alma, al corazón de un sujeto que parece encarnado,
bien al fondo, protegido por una especie de coraza sedimentaria.
Aliciente o descontento para aquel, son sus palabras que, por colofón
aseguran como una profecía, su tercera herida, el sitio donde ella se
entrega.
Como breviario es “un retrato familiar”. Hay un amor en la foto; está
el padre, la madre; su hermana Laura; está ella misma de varias
formas, varios textos: “mujer”, “el precio de mi sangre”,
“peregrina”. En este pliego también persisten las cicatrices. Dúctil y
condicionada ante la familia, la erige como lo más sagrado. Es ella en
este caso quien cede; ella quién descubre la significancia familiar y
decide plegarse, mantener un equilibrio o acaso censurarse en pos de
él. Todo ello implica un sacrificio.  Demuestro:
mi hermana sugirió que al ella tener 25 años podría parirme/
entonces    mi hermana sería mi madre y yo su hija/ no quise perder a mi
hermana/ así que en las noches comencé a investigar cuánta sangre se
necesita para parir una criatura/ nunca supe/ y derramé toda la que
pude.
En “padre” dice:
una vez quise ser/ lo que mi padre/ quiso que fuera/ amo a mi padre/
me esclavicé.
Quizás por las torpezas comentadas en “numerario de una mesalina”,  el
diálogo con el amor es diferente, pareciera forjarse aquí alguna
cicatriz. Mantiene una actitud escéptica y pragmática, reservada solo
a la instancia epidérmica: no arriesga más allá de la experiencia
sexual. Dice:   el sacrificio/ es un bolero desgastado/ (…)/ no creo
en la buena suerte/ creo en la mano derecha que seduce mi espalda
baja/ e intenta amarrarme/a un cuerpo de hombre despreocupado.
El momento de mayor dilucidación se gesta en “estudio legal de
mariposas”. Sesión montada bajo la gran analogía mujer/mariposa.
Mariposa indicio de fragilidad, fragilidad indicio de peligro. La
autora reflexiona sobre la relación contenido/forma. En su campo
asociativo, fragilidad no va con inocencia, antes, pareciera aquella
el motivo de la astucia, la perspicacia, los sentidos. Armas que
enarbola bajo el concepto mariposa. Desmintiendo a Cratilo en el
texto: “el nombre no hace la cosa”, se apoya en la escena donde una
oruga, la de Alicia, fumaba, -exhaló aros de humo- dice y concluye
sugiriendo que la Oruga preexistía, contribuyendo de esta forma al
dicho popular: cuanto tú ibas… (yo venía).
Bajo la misma cuerda, “sustancia versus forma” vuelve a oponerse al
concepto de Cratilo. Habla de las mariposas, la belleza de sus alas
como muestra de libertad, no una libertad asociada por indicio, sino
granjeada por la astucia y cito: guarda su corazón y respira en el
abdomen. La imagen, ya recurrente, es muestra de contención, de la
mujer que se esconde, que disimula, que no expone sentimiento alguno.
Todo indicio de senilidad  es el fracaso, la esclavitud, la sumisión.
Advierte en tal ejercicio, el éxito. La Belleza libre y toxica es uno
de los argumentos que sustenta lo burlesco. La necesidad de
resguardarse puede encubrir, incluso, una ambición de venganza.
En el texto “legítima defensa o síndrome de la mujer maltratada (ahora
modificaré a mi antojo la defensa a levantarse y diré: síndrome de la
mujer libre)” queda despejada toda duda al respecto. Se alienta una
postura feminista radical, no conciliatoria, ni de equilibrio, sino
una especie de desquite donde no hay empates. Habiendo recuperado
estatura social  e incómoda por imaginario machista, se describe a sí
misma  como  una oruga: frágil larva que se arrastra; pero que,/ una
vez fuera de la crisálida expandió su venganza.
En “Después del tajo”, uno de los textos quizás más cercanos a lo
prosaico, la autora encuentra la forma pertinente  para desahogarse.
Narra, a modo de noticia, distintas muertes de mujeres, mayormente por
manos de hombres o de otra mujer-hombre. Este cuaderno no es nacido a
priori. Tantos sentimientos encajonados, trompeteando por escapar a
una contra el mundo, son reflejos de la realidad que ha tocado la
carne de la autora. Las cicatrices dialogan con la sociedad hostil que
se empeña en continuar zanjando. Lleva tales cicatrices la autora y,
desde Burlesca se hace bocera de una posición de combate. Asumir una
postura desde el desconsuelo, entiende ella, no resuelve el problema,
asumirla desde la visión contestataria, burlesca, sabe que tampoco;
pero logra con ello redimensionar la imagen de la mujer, aunque
después de todo persista la pregunta: ¿cicatrizarán las heridas/aun
estando varios metros bajo tierra?
Burlesca más que un adjetivo, más que una actitud, es una postura de
resistencia, más que una risa es un grito aterrador de alguien que se
sobrepone, paso tras paso, cicatriz tras cicatriz, que no pretende
resignarse. Es la pretensión de ir todo el tiempo en contra del dolor,
de no pasar como un lugar común en el escenario de la vida. Es el
desquite sangriento con los días, las circunstancias. Es la sensación
más cercana al desafío.

-Yansy Sanchez (poeta cubano)

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