Autopsia va desde lo abyecto hasta lo mortuorio hasta lo humano

Anuchka

Foto de Anuchka Ramos Ruiz (suminstrada)

Adentrarnos en Autopsia, de la escritora puertorriqueña Anuchka Ramos Ruiz, es dejarnos llevar por la mirada minuciosa de la necropsia en un texto tan múltiple como escueto. Autopsia es múltiple por ser un texto signado por la hibridez genérica (incluye poesía y una prosa poética que oscila entre el micro-cuento y la reflexión). Es, asimismo, escueto, entretejido a partir de un lenguaje de reticencias, que dice no diciendo, que da a entender, pero sin dejar de admitir una reserva cargada de sentido, que puede llegar a ser acusatoria. En el texto titulado “Penélope”, por ejemplo, puede asumirse que la fiel esposa de Odiseo da rienda suelta, mientras se ducha, al resentimiento ante la ausencia del marido potencialmente infiel. La primera oración del micro-relato revela, en estilo indirecto libre, sus pensamientos: “Quizás el cielo otorga una licencia para pecados turísticos”. Sólo después de dar cabida a esta idea, sale de la ducha y vuelve al tejido. Pero los símbolos del hilo y la aguja con que se suele encajonar a este personaje bajo el rubro de “esposa sumisa”, ahora se hallan contaminados por el signo “impuro” de una ambigüedad que nos figura a una Penélope de carne y hueso y nada sanana.

Este gesto revisionista, en clave feminista, remite al esfuerzo desmitificador reseñado por escritoras estadounidenses tales como Adrienne Rich, en su famoso ensayo “When We Dead Awaken: Writing as Re-vision”, o Alicia Ostriker en “The Thieves of Language: Women Poets and Revisionist Mythmaking”. La “re-visión” implica un “volver a ver”, un hacerse preguntas novedosas sobre textos o enunciados dogmáticos considerados como “fundacionales”. Tal esfuerzo reaparece en Autopsia, en textos como “La Virgen”, “Niña buena”, “La hija de Freud” o “Confesión Postmortem”, entre otros. Autopsia ofrece la frescura de dicho mirar cuestionador, sin dejar de ser una textualización del examen post-mortem.

El recorrido de Autopsia comienza con una “Campaña de alfabetización” macabra, una crítica social devastadora del desfase entre el acceso a la educación y la realidad de una pobreza a todo nivel que empuja a la prostitución que degrada. Para el personaje trágico de Hortensia, quien no sabe leer ni escribir, las preposiciones tienen una particular significación: “Con, para, contra, ante, bajo son posturas en la cama”. Tampoco “le importan el pretérito o el subjuntivo. Para ella, niña de brassieres rellenos de algodones, nunca hubieron tiempos mejores y puede que no haigan domingos libres si no cumple la cuota del sábado”. Con tono impertérrito, que no hace sino acentuar el sarcasmo, se diseca la dura realidad de esta mujer. Autopsia cierra con el luto por el gato muerto, al que se llora a sabiendas de que ese llanto permite a la protagonista afirmarse en su humanidad.

Fiel a su título, Autopsia diseca el material narrativo y poético bajo un cuidadoso observar, que se fija en lo morboso y lo mortuorio, como se puede observar en textos tales como “Baño de María”, “La presa” o “Changuería”. Algunos de estos escenarios de morbo resultan ser fantaseos de torcida imaginación, lo que no necesariamente disminuye el horror. El primero de estos cuentos, por ejemplo, figura como crónica de un niño que a todas luces parece ser un sociópata en formación, adornando el cadáver de la niña a la que ha supuestamente ha matado.

Entre los poemas incluidos en la colección resalta “Casa”, una desgarradora reflexión de pérdida y ternura que nos aboca a un “olor a café quemado [que] es la mañana en que papá se fue”. “Domingo” nos coloca ante el anhelo difuso de la poesía comunicar lo incomunicable:

Nadie sabrá nunca por qué se escribe un poema
la hermenéutica no es una ciencia exacta

hay cosas, por decir cosas, que es decir nada, pero de la nada todo
que nadie sabe

Autopsia revela a Anuchka Ramos Ruiz, poeta y narradora, como poseedora de una voz capaz de afirmarse a sí misma con poderosa convicción, a fin de ofrecer una mirada tan humana como devastadora en un texto que tiene mucho de cadáver. Después de todo, como indica la escritora Rosa Montero, escribimos contra la muerte. Autopsia nos muestra, además, que escribimos la muerte, a la vez que guía nuestros ojos por un trayecto que va desde lo abyecto hasta lo mortuorio hasta lo humano, que se afirma aunque a veces sea por negación. El único epígrafe que figura al inicio del texto nos da, en este sentido, una importante lección: “Llámenme Gertrudis. Aunque tampoco mi nombre es Gertrudis”. Con esta cita tomada la novela Sangra por la herida, de la escritora cubana Mirta Yánez, Autopsia parece afirmar no tanto que la cuestión sea, existencialmente hablando, ser o no ser, sino ser o no ser visto, aprehendido, notado, en ese juego de espejismos, equívocos e ilusiones que puede ser la vida.

 

Dinorah Cortés Vélez, Ph.D.

16 de enero de 2014

Marquette University

MI, Winsconsin, EEUU

Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s