Desglace de Jorge Posada se publica bajo el sello de Ediciones Aguadulce

Ya está disponible el libro desglace de Jorge Posada en Librería Libros AC en la Ave. Ponce de León #1510,  Santurce, Puerto Rico, y a través de Ediciones Aguadulce: edicionesaguadulce@gmail.com. El mismo ha sido confeccionado a mano en Puerto Rico por Nicole Cecilia Delgado y Cindy Jiménez-Vera para Ediciones Aguadulce. El autor estará participando de varias lecturas dentro del marco del VI Festival Internacional de Poesía de Puerto Rico. Tendremos ejemplares durante las actividades del Festival.

desglace isaías cubierta

desglace de Jorge Posada

(Ediciones Aguadulce, 2014)

desglace isaías colofón

Colofón

Desglace en Libros AC

desglace de Jorge Posada en Libros AC

 

Creative Commons License
desglace by Jorge Posada is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivs 3.0 Puerto Rico License.

Puede leer el texto completo acá:

http://issuu.com/edicionesaguadulce/docs/desglace_isa__as_jorge_posada

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Ediciones Aguadulce auspicia la presencia del poeta mexicano Jorge Posada en el Festival Internacional de Poesía de Puerto Rico del 31 de marzo al 5 de abril de 2014

Jorge Posada

 

Jorge Posada (México, 1980). Autor de La belleza son los aeropuertos vacíos (Liliputienses, España, 2013), Adiós a Croacia (Zindo Gafuri, Argentina, 2012) y Costa sin mar (UAM, México, 2012). Colabora en Punto en Línea (UNAM), VozEd, Transtierros y Culturamás. Editor de Nagara (Editorial FOC) y de la Revista Valderrama. Tiene un blog: costasinmar.blogspot.com

Ediciones Aguadulce se honra en auspiciar la presencia del poeta mexicano Jorge Posada en el Festival Internacional de Poesía de Puerto Rico del 31 de marzo al 5 de abril de 2014, dedicado este año a la gran poeta puertorriqueña, Julia de Burgos. Es con gran placer que unimos nuestros esfuerzos con el FIPPR. Enhorabuena a los organizadores. Nos será grato saludarles a todos los poetas y participantes en tan importante ocasión.

 

Lecturas de Jorge Posada en el Festival:

lunes, 31 de marzo

6:30 p.m.
Apertura
Teatro Universidad Interamericana de Puerto Rico
Homenaje a Julia de Burgos
Lectura de Poetas Internacionales

martes, 01 de abril

11:00 a.m.

Universidad de Puerto Rico, Recinto de Ponce

2151 Ave. Santiago de los Caballeros

· Chiqui Vicioso, República Dominicana
· Isolda Hurtado, Nicaragua
· Jorge Posada, México
· Caneo Arguinzones, Venezuela
· Wellington Castillo-Perú
· Katia Chico- Puerto Rico

· Julio César Pol- Puerto Rico

· Yara Liceaga- Puerto Rico

· Federico Irizarry- Puerto Rico

· Abdiel Echevarría Cabán, Puerto Rico

 

miércoles, 02 de abril

9:30 a.m.
Caribbean University, Vega Baja
Bo. Algarrobo, Sector El Criollo

· Anna Aguilar- España
· Isolda Hurtado- Nicaragua
· Miquel Lluís Muntané- España
· Jorge Posada-México
· Aida Amador-Puerto Rico

· Iris Alejandra Maldonado-Puerto Rico

· Susie Medina-Puerto Rico

· Alma Villegas-Puerto Rico

· Pedro Juan Ávila-Puerto Rico

 

jueves, 03 de abril

10:00 a.m.
Universidad de Puerto Rico, Recinto de Humacao
Avenida José E. Aguiar Aramburu
Carretera 908 Km 1.2

Lectura de poesía y conversatorio con el Círculo Literario Estudiantil
Teatro de la Universidad

· Luis Marcelo Pérez, Uruguay
· Chiqui Vicioso, República Dominicana
· Miquel Lluís-Muntané-España
· Jorge Posada-México
· Carlos Roberto Gómez-Puerto Rico

· Iris Miranda-Puerto Rico

· Zoé Jiménez Corretjer-Puerto Rico

viernes, 4 de abril

9:30 a.m.
Recital
Teatro Municipal Maso Rivera
José de Diego y Ponce de León
Toa Alta

· Blanca Salcedo-Argentina
· Luis Marcelo Pérez-Uruguay
· Miguel Ángel Meza-Paraguay
· José Millet-Cuba
· Jorge Posada-México
· Israel Rivera Nater-Puerto Rico
· Celsa Medina Sáez-Puerto Rico
· Pedro Juan Ávila-Puerto Rico
· Aida Amador Santiago-Puerto Rico
· Antonio Rosa Montañez-Puerto Rico
· Nora Cruz-Puerto Rico

 

 

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Burlesca o las fallas del orden – Presentación del libro de Iris Alejandra Maldonado a cargo de David Caleb Acevedo

miércoles, 12 de marzo de 2014

Libros AC

Santurce, Puerto Rico

 

El 9 de octubre de 2012, un pistolero talibán le dispara a una niña cuando ésta se disponía a regresar a su casa luego de tomar un examen en su escuela en Paquistán. El pistolero detiene el vehículo, entra y pregunta a la multitud “¿quién de ustedes es Malala Yousafzai? ¡Contesten ahora o los mato a todos!” Cuando la niña se identifica, el pistolero le propina un solo balazo que entra por su cabeza, sale por su cuello y termina en su hombro. Malala sobrevive y se convierte en niña símbolo del derecho de las niñas a una educación, y por extensión, en luchadora por los derechos de las mujeres en el régimen Talibán y en el mundo.

El 24 de abril de 2011, Noxolo Nogwaza, activista lesbiana sudafricana, muere como consecuencia de un ataque de odio. Es repetidamente violada, golpeada con piedras y luego apuñalada luego de una discusión agitada con un grupo de hombres en una barra como consecuencia de defender a su amiga de los avances de ellos. Al principio se cree que se trata de un ataque de violación correctiva, medida que se toma para curar a las mujeres de su lesbianismo. Pronto se descubre, sin embargo, que se trata de un crimen de odio.

Más de cien mujeres son asesinadas en Puerto Rico durante la década del 2000 a manos de sus parejas o exparejas. Se estima el doble de esa cifra al finalizar la década del 2010.

Menciono esto, porque Burlesca es un libro de supervivencia escrito en un país al que no le importa sus mujeres, en una isla en donde permea el discurso de que una mujer más o una menos no importa. Ante semejante panorama, ¿qué resta sino burlarse? ¿Del país, de la sociedad, de los hombres que no son humanos, de las mujeres que aprueban y tampoco son humanas, de los ciclos que se repiten? Yo me burlo.

En este, su primer poemario, la autora Iris Alejandra Maldonado echa mano de la burla, la risa cínica–como aquella de la mujer más pequeña del mundo, de Clarice Lispector–para jamaquear los cimientos de un patriarcado homicida y lleno de excusas, que para colmo, pretende funcionar como sistema de justicia y ley. La burla, entonces, representa un detente a la muerte. En “Abanico de mano”, la voz poética dice y cito:

una fosa king size

sigue siendo mi cama

 

yo no juego con la muerte

no quise morir

siempre Sylvia

desnuda sombrero abanico de mano

amuleto y gato

            La cama es el lecho donde muere la mujer cuando se casa o se apareja. Todas las noche muere un poco más, como Sylvia Plath, en el sentido de Sylvia Plath, sin suicidarse como Sylvia Plath. Un día por dentro, el otro por fuera. Alternados. El abanico de mano, que esconde los ojos en gesto burlesco–aquí, en el sentido burlesque–se convierte en la burla, en la risa tras bastidores, cínica y abierta, la risa de las máscaras.

En sus versos “ya escapó la bala/ en mi turno ruleta rusa”, la autora emplea el azar para burlarse de la suerte misma. La ruleta rusa siempre la pierden las mujeres en un mundo que permite que los fundamentalistas le disparen a las niñas en la frente y que los jóvenes acuchillen 17 veces a sus novias y salgan a la calle, impunes, luego de solo tres años de encierro.

Finalmente, en ese mismo poema, la voz poética nos regala un aterrador final: “sigue siendo mi cama/ fosa king size/ Auchwitz”. Para la sobreviviente de una agresión física o sexual, la cama se convierte en un campo de concentración o una fosa pública de muertos sin reclamar o identificar.

En el siguiente poema, curiosamente titulado “el mismo poema”, la autora echa mano de nuevas burlas, el espejo como mofa de la belleza o la expectativa de ella, las cicatrices como mofa de la supervivencia, las cortaduras como farsas del juego, la obsesión y paranoia como burlas de la autoprotección y la violencia como subversión de lo hegemónico. Cito:

te nombro espejo

y te eriges frente a mí

observas a tu mujer cortada

                        deseas mis cicatrices

{…}

seamos dos los cortados

                                    te nombro espejo

                                    y no sé por cuánto

                                    buscaré en tus ojos

                                    a mi asesino

{…}

esta noche

hilvano nuestra sábana nupcial

lino lágrimas vasos sanguíneos

{…}

esta noche soy

mujer aguja

 

no tardes

            En mi poema favorito “numerario de una mesalina”, Iris Alejandra da cátedra de las pequeñas diferencias en las jerarquías de la oscuridad. La mesalina no es cortesana. La segunda es puta puta, la primera es puta fina, emperatriz de las putas, madama culta, cortesana solo de corte de emperador. Las pequeñas diferencias, sin embargo, poco importan en la oscuridad. Una puta es una puta es una puta es una puta. Cito:

las mesalinas son distintas a las cortesanas

las primeras son emperatrices promiscuas las segundas solo prostitutas

mesalina y cortesana puta y puta

{…}

una mamada es menos íntima que un beso

sin embargo los hombres se enamoran si tragas

{…}

no todos los negros honran la fama que se les imputa

los hombres casados se pueden enamorar de sus aventuras.

            Al final, las mesalinas son igual de putas que las cortesanas. Igual buscan tocar fondo.

“Estatua I” es un poema que me congela la piel. Aquí la violencia es la burla del arte, del orden, refleja las hendiduras y lugares imperfectos donde se rompe el orden, es puerta y portal por donde entra el caos. Cito:

estate quieta

me ordenó aquella voz

cuando ya el filo del metal

abría caminos en mi piel

{…}

no mires hacia atrás

ordenó otra voz

y no pude evitar voltearme

 

allí estaba yo

en el espejo

en el hielo y su imagen

                                    piedra

            La voz que ordena es agresora. Las órdenes de quietud no pueden ocultar la violencia de un metal que abre heridas. El artista puede llamarse pintor del rojo, pero la realidad lo pinta como asesino. La burla no admite mentiras.

“Mujer” es un poema que se me antoja místico. Tiene mis tres versos favoritos de todo el poemario: “una mujer y sus cicatrices/ que se ofrecen a un dios/ con los ojos abiertos”. Surge una pregunta. ¿De qué se burla la mujer? De Dios y los ángeles. De la creación misma, hecha como está a imagen y semejanza de un dios macho cabrío, animal judeocristiano, ente maltratante, abusador, conspirador, asesino. Porque si fuimos hechos a su imagen y semejanza, dios es todo lo malo que somos.

En Burslesca existe un cinismo que se niega a conformarse con menos, una voz que se alza por encima de la ironía para hacerse más de lo que es, más que ironía, más que voz. Los últimos dos versos del poema “André” ejemplifican esto:

creo en la lluvia

que le da de beber a los borrachos

            “Laura”, poema que lleva el nombre de la hermana de la autora, es quizás el poema más weird del libro y mi segundo favorito. Aquí la sangre es burla del parto, el parto se mofa del intento de asesinato y las relaciones de maternidad y sororidad se trastocan. Cito:

hace poco más de un año quise que mi madre fuera la hija destinada al buche

sentí culpa

mi hermana sugirió que al ella tener 25 años podría parirme

entonces                      mi hermana sería mi madre y yo su hija

no quise perder a mi hermana

así que en la noches comencé a investigar cuánta sangre se necesita para parir una criatura

nunca supe

y derramé toda la que pude

me convertí en la sangre de la madre

y teñí todo de rojo púrpura

            Siguiendo ese hilo poético, entonces traer a alguien al mundo a través de un parto sustituye el matar a alguien, porque todos los días nace y muere gente. Cínicamente, la autora se cuestiona su propio cinismo. Sí importa la violencia. Sí importa denunciarla.

Le sigue el poema “Alejandra”, en el que Iris denuncia la burla mayor: “comienzo a vivir para la muerte/ como antes”. Entonces, la vida es una farsa en y de sí misma. Nadie sabe lo qué realmente es vida, o qué, en realidad, constituye vivir. Nadie conoce su significado o propósito y tengo la teoría de que en esa búsqueda es que se cometen las más terribles atrocidades.

La tercera parte del poemario, “estudio legal de mariposas”, es una mofa del sistema de ley que no protege a las mujeres ante actos de violencia. Burlesca es más que eso: es una mofa de la Constitución y de la sociedad–compuesta proporcionalmente por más mujeres que hombres– y cómo no protege a sus mujeres. Burlesca es testimonio del camino milenario que falta por recorrer. “El nombre no hace la cosa” es un poema sintomático. La existencia depreda al lenguaje. La existencia es burla del lenguaje. Cito:

alicia la nombró oruga

el cuerpo verde y rugoso exhaló aros de humo

fumaba

quiero decir     preexistía

            El cinismo del libro toma un giro completamente mordaz en el poema “interrogatorio y contra”, cuyo contenido aparenta tener nada que ver con el proceso de interrogar y contrainterrogar testigos de una parte y la otra en un pleito. La palabra clave aquí es “aparenta”. Cito:

¿qué es un oráculo?

un conjunto de haberes que no encuentran lógica

se conglomeran y esparcen

orden aleatorio para arrastrarte

lo más bajo

una con la tierra

aun esclava

monarca

            Como puede observarse, todavía con la metáfora de Alicia en el país de las maravillas, la autora esgrime un comentario letal sobre los procesos que se supone defiendan las víctimas. No existe tal defensa. Eso es lo que dice. No hay forma de defender a su víctima cuando constitucionalmente se tiene que defender los derechos del agresor. Antes era más simple. Ojo por ojo.

En “el conejo de Alicia”, penúltimo poema del que hablaré en este ensayo, la autora dicta que la piel se mofa de los límites y las fronteras. Después de todo, uno puede quitarse el cuero para ponerlo al sol y que se haga más duro. La piel se muda todo el tiempo.

El libro posee un escalofriante decálogo titulado “después del tajo”, en el que, a través de la farsa, expone la condición humana de la mujer sin cortinas de humo, tales como la sociedad, la cultura, la religión, la política y el sexo. El decálogo se burla de la prensa y la forma como esta aborda temas de violencia hacia la mujer. Leo el poema de diez partes y solo pienso en Margarita Aponte y su famosa pregunta de “¿Cómo usted se siente?”, como estocada a las víctimas.

Como he dejado claro, el poemario completo es una cínica farsa de la vida, pero es una mofa con propósito: la burla celebra las vidas de quienes la sobreviven. La burla también da cuenta de las existencias que el lenguaje ignora. Existe una diferencia entre burla ofensiva y burla necesaria, aunque la mayor parte del tiempo, la diferencia es mínima o simplemente no está. Pienso que este libro recorre un fino hilo entre ambas. A veces pienso que hay que ofender el status quo para lograr los grandes cambios. Ser una Malala, una Noxolo. Ser víctima y entender a fuerza de solidaridad. Ser victimario y comprender el daño que se ocasiona. Y escribir de ello para hacer visibles las fallas del orden. Y reírnos de todo para sobrevivir la hecatombe.

 

Autopsia de Anuchka Ramos Ruiz – Presentación por Carmen R. Marín

miércoles, 12 de marzo de 2014

Libros AC

Santurce, Puerto Rico

 

Su título promete una travesía, bien por la novela negra o ya por el tipo de serie televisiva dedicada a hurgar en los misterios que revelan los cadáveres. Pero ese título es un anuncio engañoso; un juego de palabras tan cargado que, si no fuera por la actitud distanciada y cuasi aséptica de la voz poética y narradora que nos cautiva, sería barroco. Pero, ¿quién muere en este libro de Anushka Ramos Ruiz? ¿qué anatomía observamos postmortem, minuciosamente?

Los historiadores de la literatura hallarán en esta entrega de Ramos Ruiz varios decesos en la tradición literaria puertorriqueña: se ha dejado muy lejos el naturalismo cientificista de La charca, aunque se percibe aún la posibilidad de analizar el entorno social en el microscopio, en el laboratorio; lejos han quedado también las narrativas de respetadas escritoras puertorriqueñas de letras feministas, aunque se encuentra en sus textos la preeminencia de la voz y el personaje femeninos.

El libro Autopsia nos enfrenta a la truculencia y a la atrocidad a través de una voz tan contradictoriamente sosegada que resulta pasmoso. En él se encuentran asuntos que van desde la prostitución infantil y el canibalismo hasta el despedazamiento de una gata y la sobrevida de un tipo de zombie indocumentado que ha sido encarcelado. Pero que nadie se llame a engaño: ni la sangre ni las lágrimas se escurrirán de estas páginas. Más bien una dudosa sonrisa o una guiñada perversa y cómplice serán las que nos acompañen en nuestro recorrido por ese cadáver indefinido que se sugiere a través del texto.

Y ese es, probablemente, el mayor logro de Autopsia: manejar el lenguaje poético de tal forma que en una sola lectura se va de la narración a la poesía pura (que no es lo mismo que prosa poética); se atraviesa el umbral de lo onírico sin percatarse de ello hasta que una sola clave, una palabrita dislocada, una imagen que revienta, nos anuncia que hemos pasado del lenguaje figurado al literal (o viceversa), como aquel rasguño o aquel resto de fluido en una autopsia. En este texto domina la voz de una erudita despojada de grandes nombres y afanes de deslumbrar con referencias teóricas; la literatura dura ha sido digerida, la sociología, desplazada por la más fina herramienta, el arte del lenguaje.

Autopsia es un libro para el paladar exquisito de quienes saborean el juego de palabras, la imagen insospechada, la referencia clásica (o popular) virada al revés; para quienes aprecian el valor intrínseco del arte que no se rinde abiertamente al servicio de la crítica social, sino que nace de una mirada sumamente severa y se procesa estilísticamente, aunque sin aspavientos. Es también un libro para aquellos que se permiten el gusto de navegar entre la prosa y el verso y, más aún, de enredarlos a veces en un mismo texto; para aquellos y aquellas que disfrutan de romper barreras genéricas y son capaces de ver la poesía hasta en un eslogan publicitario; es decir, para un público joven o que conserve la juventud de los ojos.

En Autopsia sobresalen los juegos irónicos de significados, a la vez que la misma polisemia que divierte al lector en la primera mirada, convierte su sonrisa en mueca y hiela un poco la sangre en lecturas subsiguientes. “Campaña de alfabetización”, por ejemplo, texto con el que comienza el libro, trata sobre una jovencita cuyo interés en las materias escolares, particularmente en la clase de español, es inexistente. Descubrir, a medida que avanza el texto, de dónde surge tal desinterés es, a la misma vez, placentero y espantoso:

“Ella con lunares falsos en las mejillas no logra memorizarse las preposiciones. Con, para, contra, ante, bajo son posturas en la cama. […] A Hortensia no le importan las reglas de acentuación. Se traza las cejas con la tilde. La coma es la trompa de un hombre cansado. El punto es el orificio negro que reserva para los señores que pagan doble”.

Es espantoso por razones obvias; placentero porque se prescinde absolutamente del melodrama. Este texto, como el resto de Autopsia nace de una voz joven y crítica, hastiada tanto de la miseria humana como de los medios de comunicación que la explotan y la difunden morbosamente; cansada también, probablemente, de cierta exigencia tácita que flota sobre las cabezas de las escritoras, exigencia de que sus textos combatan la injusticia, la pobreza, la desigualdad social, y hasta el colonialismo, siempre desde una voz agresiva y violenta o plañidera y dramática. Así, el texto con el que inicia el libro sienta la pauta para su lectura: será imprescindible emparentarse muy de cerca con el lenguaje para disfrutarlo plenamente.

Cada uno de los títulos de los textos de este libro de Anushka resulta una provocación lingüística. “Campaña de alfabetización”, por ejemplo, es en sí mismo una brutal deconstrucción de aquella narrativa ilustrada que ponía sus esperanzas en la enseñanza de la lectura y la escritura como tabla de salvación para la humanidad; narrativa que llevada a cabo por los aparatos estatales modernos se convirtió en máquina, en línea de ensamblaje, y olvidó el objetivo inicial de humanizar. Por otro lado, “Baño de María”, esa manera tan hogareña de llamar a una técnica de cocción, es el título para un texto en el que se presenta cierto canibalismo inocentón, que surge precisamente de haber tomado como literal una frase esgrimida en sentido figurado (“A esa nena rica me la voy a comer”). “Niña buena”, por otra parte, es el título irónico para una viñeta que narra un paseo mítico por la psiquis de una jovencita que

“[a]limenta un tigre bajo su cama, rescata ballenas en el inodoro, asesina lagartijos con su mente. Mastica papel de aluminio esperando parir una luna. Colecciona piedras y algas en sus talones. […] Finge sus muertes, sus bodas, sus partos y divorcios […]”

y todo antes de que su padre la encuentre en su habitación, en su rutina de ensayos de flauta dulce. Otro título, “Confesión postmortem” se refiere a un microtexto narrado por una tal Isadora que nos refiere a la Duncan, con su trágica bufanda, pero que no obstante anda descalza en un tren y “cansada de parir figuras de hombres vestidos de negro”. Finalmente, el título “Changuería” juega con la polisemia, en el estilo más quevedesco (es decir, divertido y terrible a la vez), para un breve relato narrado en primera persona por una voz infantil y femenina que llama “changa” al ejemplar femenino del pájaro mozambique (chango, según lo conocemos en Puerto Rico) y a la vez adjudica este concepto, no ya como sustantivo, sino como adjetivo para la mujer blanca, adinerada, remanente de la otrora ama esclavista. En este relato, se cruza el umbral del relato realista al fantástico, aunque, gracias al exquisito manejo del lenguaje, se infiltra en el lector la duda sobre el carácter fantástico de lo que se narra y se pregunta si no se encuentra acaso ante una narración horrorosa y amoral en el estilo de Quiroga:

“Como a los pollos, así se mata una changa. Ella cantaba mientras estrujaba con jabón azul las telas: ‘No seas changa, mata a la changa’. Alguna vez, curiosa, mojé con la sangre de una la puntita de mi lengua”.[…] y el grito de mi madre: ‘¡Ay, deje la changuería!’. Orden sagrada. Como a los pollos, así se mata la changuería. Agarré a la niña, la sacudí, le apreté el cuello hasta que cerró el pico…la boca”.

La violación de los límites genéricos, como ya he mencionado, es una de las gracias de Autopsia. En este libro se intercalan prosa y verso, pero mucho más allá de ello, se desdibujan en múltiples ocasiones las líneas que tradicionalmente definen la narración y la poesía. Y esto se lleva a cabo, no a través de una amalgama de ambos géneros, conocido como prosa poética, sino por medio de cortes duros, fríos en ocasiones, y sorprendentes en su mayoría, como debe ser.

Cierto es que los textos escritos en verso se leen como la más exquisita poesía, con imágenes tales como: “[…] al bajar de la cama busco con cuidado no pisar ballenas” (poema “Domingo”) y “[l]a muerte solo puede ser una fiesta para los vivos” (poema “Nena”). NO es menos cierto que las breves narraciones (presentadas en forma de viñetas y microtextos) presentan los elementos imprescindibles de los buenos cuentos. En “La hija de Freud”, por ejemplo, se lee: “Es tarde. Pego mi oreja a la puerta del consultorio y escucho a uno de los pacientes narrar el sueño más hermoso del mundo. Habla de un cardenal que con su pico le cosía la boca”. Sin embargo, lo más genial y divertido en Autopsia es tener que enfrentarse a un texto escrito en prosa que comience de la siguiente forma: “Sus piernas peludas se suicidan en tacones rosados de charol, mientras su voz ronca desafina a las sopranos del coro” (cuento “La virgen”). De la misma forma, el texto ya mencionado, “Niña buena” obliga al lector a tratar de dilucidar a cada paso –en cada frase—si debe leer como se lee la poesía o como se lee la narrativa: “A ella le gustan los bombones de colores, pero alguna tardes saborea acuarelas on the rocks. Procura cuidarse los nudillos, no vaya a ser que en medio del juego se teletransporte a otro mes”. Este personaje se va agigantando y tomando dimensiones míticas, se vuelve atemporal,  poderoso y poético:

“Finge sus muertes, sus bodas, sus partos y sus divorcios, siempre ataviada con sábanas y cortinas. Fuma cigarrillos de orégano rellenos de espuma”.

Solo para desmoronarse ante nuestros cuando se lee en el texto:

“A las cinco menos cuarto se quita el uniforme del colegio. Su padre la encuentra ensayando sus lecciones de flauta dulce, siempre olorosa a violetas francesas”.

El texto “La fiera”, a pesar de presentarse en prosa, no solo resulta sumamente poético sino también metalingüístico: “Nací (y el verbo, suficientemente traumático, no necesita de metáforas)”. Un texto como este requiere constantes cambios de clave en la lectura (¿verso o prosa?) o simplemente rendirse al disfrute estético de la palabra.

Finalmente, uno de los textos más impresionantes de Autopsia es el marcadamente iconoclasta “Las manos de mi madre”. Un título como este provoca de inmediato el alerta de cursilería en la mente del lector. No obstante, su contenido se aleja de todo contenido y metáfora predecibles. Sus imágenes son más reminiscentes de la película Requiem for a Dream que del poema del Modernismo hispanoamericano; su humor oscuro llega a lo grotesco y sus referencias a la cultura popular del siglo XX sugieren una preocupación por el concepto de la manufactura y por la cosificación de todo, y particularmente del cuerpo humano, que constituyen una clara crítica a la cultura de la industrialización que nos ha privado de la capacidad de soñar:

“Once horas de infomerciales tardé en coserme manos nuevas. Llegaron en un paquete con advertencia de explosivos. Las instrucciones son claras: ‘Solo úselas para soñar’. Antes de dormir me las pongo y bailo con ellas dejando los pies al aire. […] Acurruco al niño perfecto que nunca nació, abofeteo a los fetos traicioneros que sí nacieron, estrangulo a infieles en potencia: no me había percatado de que las almohadas pueden mutarse”.

“Las manos de mi madre” menciona a Drácula y a sus descendientes licuados en series de televisión, una película famosa y melodramática de los años 70 y unos versos manoseados de Neruda. Todo en medio de un torbellino de imágenes, semejante a una alucinación provocada por exceso de medicamentos, pero con un ritmo que no puede ser sino poesía.

En fin, en Autopsia, el público lector se enfrentará a la necesidad de despojarse de límites entre géneros literarios, pero también de sus propios límites. Para saborear mejor este libro se debe ser capaz de saltar entre posibilidades de interpretación, cometer errores en la lectura y reírse de sí mismo. El cadáver que se observa minuciosamente queda siempre diferido en el libro, pero es posible, tal vez, sospechar que se trata de la muerte del lenguaje estético según concebido y ordenado por parámetros tradicionales. No es la voz poética ni la voz narradora la que presenta una autopsia, sino que se invita quien lo lea a ejercitarse en la práctica de la disección; se requiere ser un lector activo frente a Autopsia. Puede que algunas de las voces y de los personajes que se pasean entre sus líneas queden impregnados en su memoria, pero, sobre todo, será su lenguaje, su tono, su truculento humor lo que precipite el disfrute. Solo hay que animarse a examinar minuciosamente su cuerpo.

Autopsia va desde lo abyecto hasta lo mortuorio hasta lo humano

Anuchka

Foto de Anuchka Ramos Ruiz (suminstrada)

Adentrarnos en Autopsia, de la escritora puertorriqueña Anuchka Ramos Ruiz, es dejarnos llevar por la mirada minuciosa de la necropsia en un texto tan múltiple como escueto. Autopsia es múltiple por ser un texto signado por la hibridez genérica (incluye poesía y una prosa poética que oscila entre el micro-cuento y la reflexión). Es, asimismo, escueto, entretejido a partir de un lenguaje de reticencias, que dice no diciendo, que da a entender, pero sin dejar de admitir una reserva cargada de sentido, que puede llegar a ser acusatoria. En el texto titulado “Penélope”, por ejemplo, puede asumirse que la fiel esposa de Odiseo da rienda suelta, mientras se ducha, al resentimiento ante la ausencia del marido potencialmente infiel. La primera oración del micro-relato revela, en estilo indirecto libre, sus pensamientos: “Quizás el cielo otorga una licencia para pecados turísticos”. Sólo después de dar cabida a esta idea, sale de la ducha y vuelve al tejido. Pero los símbolos del hilo y la aguja con que se suele encajonar a este personaje bajo el rubro de “esposa sumisa”, ahora se hallan contaminados por el signo “impuro” de una ambigüedad que nos figura a una Penélope de carne y hueso y nada sanana.

Este gesto revisionista, en clave feminista, remite al esfuerzo desmitificador reseñado por escritoras estadounidenses tales como Adrienne Rich, en su famoso ensayo “When We Dead Awaken: Writing as Re-vision”, o Alicia Ostriker en “The Thieves of Language: Women Poets and Revisionist Mythmaking”. La “re-visión” implica un “volver a ver”, un hacerse preguntas novedosas sobre textos o enunciados dogmáticos considerados como “fundacionales”. Tal esfuerzo reaparece en Autopsia, en textos como “La Virgen”, “Niña buena”, “La hija de Freud” o “Confesión Postmortem”, entre otros. Autopsia ofrece la frescura de dicho mirar cuestionador, sin dejar de ser una textualización del examen post-mortem.

El recorrido de Autopsia comienza con una “Campaña de alfabetización” macabra, una crítica social devastadora del desfase entre el acceso a la educación y la realidad de una pobreza a todo nivel que empuja a la prostitución que degrada. Para el personaje trágico de Hortensia, quien no sabe leer ni escribir, las preposiciones tienen una particular significación: “Con, para, contra, ante, bajo son posturas en la cama”. Tampoco “le importan el pretérito o el subjuntivo. Para ella, niña de brassieres rellenos de algodones, nunca hubieron tiempos mejores y puede que no haigan domingos libres si no cumple la cuota del sábado”. Con tono impertérrito, que no hace sino acentuar el sarcasmo, se diseca la dura realidad de esta mujer. Autopsia cierra con el luto por el gato muerto, al que se llora a sabiendas de que ese llanto permite a la protagonista afirmarse en su humanidad.

Fiel a su título, Autopsia diseca el material narrativo y poético bajo un cuidadoso observar, que se fija en lo morboso y lo mortuorio, como se puede observar en textos tales como “Baño de María”, “La presa” o “Changuería”. Algunos de estos escenarios de morbo resultan ser fantaseos de torcida imaginación, lo que no necesariamente disminuye el horror. El primero de estos cuentos, por ejemplo, figura como crónica de un niño que a todas luces parece ser un sociópata en formación, adornando el cadáver de la niña a la que ha supuestamente ha matado.

Entre los poemas incluidos en la colección resalta “Casa”, una desgarradora reflexión de pérdida y ternura que nos aboca a un “olor a café quemado [que] es la mañana en que papá se fue”. “Domingo” nos coloca ante el anhelo difuso de la poesía comunicar lo incomunicable:

Nadie sabrá nunca por qué se escribe un poema
la hermenéutica no es una ciencia exacta

hay cosas, por decir cosas, que es decir nada, pero de la nada todo
que nadie sabe

Autopsia revela a Anuchka Ramos Ruiz, poeta y narradora, como poseedora de una voz capaz de afirmarse a sí misma con poderosa convicción, a fin de ofrecer una mirada tan humana como devastadora en un texto que tiene mucho de cadáver. Después de todo, como indica la escritora Rosa Montero, escribimos contra la muerte. Autopsia nos muestra, además, que escribimos la muerte, a la vez que guía nuestros ojos por un trayecto que va desde lo abyecto hasta lo mortuorio hasta lo humano, que se afirma aunque a veces sea por negación. El único epígrafe que figura al inicio del texto nos da, en este sentido, una importante lección: “Llámenme Gertrudis. Aunque tampoco mi nombre es Gertrudis”. Con esta cita tomada la novela Sangra por la herida, de la escritora cubana Mirta Yánez, Autopsia parece afirmar no tanto que la cuestión sea, existencialmente hablando, ser o no ser, sino ser o no ser visto, aprehendido, notado, en ese juego de espejismos, equívocos e ilusiones que puede ser la vida.

 

Dinorah Cortés Vélez, Ph.D.

16 de enero de 2014

Marquette University

MI, Winsconsin, EEUU

Burlesca más que un adjetivo, más que una actitud, es una postura de resistencia – Reseña de Yansy Sánchez (Cuba)

Burlesca en Cuba Foto de Zayra Taranto

Iris Alejandra Maldonado lee textos de Burlesca durante la presentación del libro en el Centro Cultural Dulce María Loynaz , dentro del marco de la XXIII Feria Internacional del Libro de La Habana, Cuba, en febrero de 2014. Foto por Zayra Taranto.

No un sustantivo, sino la calificación de algo o alguien que debemos
descubrir: Burlesca, así es su título (rara forma de nombrar) y el
reto al enfrentarnos a sus páginas. De Iris Alejandra Maldonado
(Mayaguez, 1979) su primer libro, y también los primeros ecos de su
impronta literaria traídos desde Puerto Rico.  Valga decir, la conocí
en La Habana, era 19 de febrero de  2014 en el marco de la Feria
Internacional del Libro. Después de su lectura, agotados los
ejemplares del libro, valga decir, tuve que conformarme con la versión
digital. Burlesca, ediciones Aguadulce, Bayamón, Puerto Rico,
comenzaba así: cuatro paredes/ barrotes de piel/ una fosa king size /
sigue siendo mi cama.

El cuerpo en tres partes, culmina con: “Estudio legal de mariposas”;
en un segundo momento: “Un retrato familiar”, e inicia sección con lo
que suponemos homónimo al título del cuaderno (Burlesca). Unos cuatro
poemas donde la autora, no solo indicará el espíritu de su libro, sino
el minuto en que comienza insinuarse. Tenemos un sujeto que dialoga
consigo, escarba en su memoria instantes que definieron luego su
destino. Presenta su postura ética ante la vida, ante la prolongación
de la vida: la misma muerte. Hay en su libro un símbolo que arrastra:
las cicatrices; hay en su vida todos los porqués que devuelven a estas
páginas una inmanencia tal que nos parece palparlas, las cicatrices digo, en el libro, en su cuerpo.

“El mismo poema”, texto segundo del cuaderno, nos sugiere una
recurrencia, un círculo, algo que vuelve una y otra vez, acaso atado a
ella como un cuerpo de muerte, un álter ego quizás, encontrado quién
sabe si en otra persona, o más bien una pesadilla a la que ella define
en algún momento como el espejo,  y así dice: seamos dos los cortados/
te nombro espejo/ y no sé por cuánto/ buscaré en tus ojos/ a mi
asesino.
En “Numerario de una mesalina” la autora logra situar una escala
valores, senilidades, particularidades de un sujeto lírico mujer que
se distingue. Hay una historia que se vuelve sobre sí y no le deja ser
otra, le impide concebir otra mirada y cito: Mesalina/ virginidad
fingida a cambio de una rosa de papel. Según dijo sensibilidad, el
sacrificio también ocupa otra parte en su cuerpo. Afirma: Hay que
estar bien borracha para escalar/ a veces. Esa realidad, representada
define límites donde no llega el vértigo, es una actitud asumida con
seguridad, como una labor necesaria, como parte del juego.
Conocedor el sujeto hablante de las miserias humanas, sus
limitaciones, se aprovecha con la aridez y suntuosidad que lleva la
seducción y por las claras nos dice: una mamada es menos íntima que un
beso/ sin embargo, los hombres se enamoran si tragas. Mal parados en
su ideación, los hombres son víctimas de sus reflejos, de su lado
animal. Abaratada la imagen de la masculinidad, llegan a ser
denigrantes, desde su mirada, sus opciones para alcanzar el amor;
estos, tan torpes, desconocen las rutas de acceso a una mujer,
incluso, la de una mesalina que, dicho sea de paso, también se enamora
-explica- si se le escapa un suspiro al abrir los ojos después de la
prisión de unos labios. Otra vez la sensibilidad femenina, otra vez la
insoslayable pretensión de ser amadas. El oficio del amor, no
esteriliza demasiado. ¿Se enamora una mesalina? mesalina quiere un
hombre/ uno que sea todos  y ser puta de él/ puta bien puta/ nunca
cortesana de mandarín.
Este texto, unido a “Estatua”, descubren una especie de vía crucis o
manual para un peregrino que se aventura. Vía crucis digo, en lo que
el Tal debe exponerse cicatriz bajo cicatriz; cicatriz tras cicatriz,
para llegar al alma, al corazón de un sujeto que parece encarnado,
bien al fondo, protegido por una especie de coraza sedimentaria.
Aliciente o descontento para aquel, son sus palabras que, por colofón
aseguran como una profecía, su tercera herida, el sitio donde ella se
entrega.
Como breviario es “un retrato familiar”. Hay un amor en la foto; está
el padre, la madre; su hermana Laura; está ella misma de varias
formas, varios textos: “mujer”, “el precio de mi sangre”,
“peregrina”. En este pliego también persisten las cicatrices. Dúctil y
condicionada ante la familia, la erige como lo más sagrado. Es ella en
este caso quien cede; ella quién descubre la significancia familiar y
decide plegarse, mantener un equilibrio o acaso censurarse en pos de
él. Todo ello implica un sacrificio.  Demuestro:
mi hermana sugirió que al ella tener 25 años podría parirme/
entonces    mi hermana sería mi madre y yo su hija/ no quise perder a mi
hermana/ así que en las noches comencé a investigar cuánta sangre se
necesita para parir una criatura/ nunca supe/ y derramé toda la que
pude.
En “padre” dice:
una vez quise ser/ lo que mi padre/ quiso que fuera/ amo a mi padre/
me esclavicé.
Quizás por las torpezas comentadas en “numerario de una mesalina”,  el
diálogo con el amor es diferente, pareciera forjarse aquí alguna
cicatriz. Mantiene una actitud escéptica y pragmática, reservada solo
a la instancia epidérmica: no arriesga más allá de la experiencia
sexual. Dice:   el sacrificio/ es un bolero desgastado/ (…)/ no creo
en la buena suerte/ creo en la mano derecha que seduce mi espalda
baja/ e intenta amarrarme/a un cuerpo de hombre despreocupado.
El momento de mayor dilucidación se gesta en “estudio legal de
mariposas”. Sesión montada bajo la gran analogía mujer/mariposa.
Mariposa indicio de fragilidad, fragilidad indicio de peligro. La
autora reflexiona sobre la relación contenido/forma. En su campo
asociativo, fragilidad no va con inocencia, antes, pareciera aquella
el motivo de la astucia, la perspicacia, los sentidos. Armas que
enarbola bajo el concepto mariposa. Desmintiendo a Cratilo en el
texto: “el nombre no hace la cosa”, se apoya en la escena donde una
oruga, la de Alicia, fumaba, -exhaló aros de humo- dice y concluye
sugiriendo que la Oruga preexistía, contribuyendo de esta forma al
dicho popular: cuanto tú ibas… (yo venía).
Bajo la misma cuerda, “sustancia versus forma” vuelve a oponerse al
concepto de Cratilo. Habla de las mariposas, la belleza de sus alas
como muestra de libertad, no una libertad asociada por indicio, sino
granjeada por la astucia y cito: guarda su corazón y respira en el
abdomen. La imagen, ya recurrente, es muestra de contención, de la
mujer que se esconde, que disimula, que no expone sentimiento alguno.
Todo indicio de senilidad  es el fracaso, la esclavitud, la sumisión.
Advierte en tal ejercicio, el éxito. La Belleza libre y toxica es uno
de los argumentos que sustenta lo burlesco. La necesidad de
resguardarse puede encubrir, incluso, una ambición de venganza.
En el texto “legítima defensa o síndrome de la mujer maltratada (ahora
modificaré a mi antojo la defensa a levantarse y diré: síndrome de la
mujer libre)” queda despejada toda duda al respecto. Se alienta una
postura feminista radical, no conciliatoria, ni de equilibrio, sino
una especie de desquite donde no hay empates. Habiendo recuperado
estatura social  e incómoda por imaginario machista, se describe a sí
misma  como  una oruga: frágil larva que se arrastra; pero que,/ una
vez fuera de la crisálida expandió su venganza.
En “Después del tajo”, uno de los textos quizás más cercanos a lo
prosaico, la autora encuentra la forma pertinente  para desahogarse.
Narra, a modo de noticia, distintas muertes de mujeres, mayormente por
manos de hombres o de otra mujer-hombre. Este cuaderno no es nacido a
priori. Tantos sentimientos encajonados, trompeteando por escapar a
una contra el mundo, son reflejos de la realidad que ha tocado la
carne de la autora. Las cicatrices dialogan con la sociedad hostil que
se empeña en continuar zanjando. Lleva tales cicatrices la autora y,
desde Burlesca se hace bocera de una posición de combate. Asumir una
postura desde el desconsuelo, entiende ella, no resuelve el problema,
asumirla desde la visión contestataria, burlesca, sabe que tampoco;
pero logra con ello redimensionar la imagen de la mujer, aunque
después de todo persista la pregunta: ¿cicatrizarán las heridas/aun
estando varios metros bajo tierra?
Burlesca más que un adjetivo, más que una actitud, es una postura de
resistencia, más que una risa es un grito aterrador de alguien que se
sobrepone, paso tras paso, cicatriz tras cicatriz, que no pretende
resignarse. Es la pretensión de ir todo el tiempo en contra del dolor,
de no pasar como un lugar común en el escenario de la vida. Es el
desquite sangriento con los días, las circunstancias. Es la sensación
más cercana al desafío.

-Yansy Sanchez (poeta cubano)